12 jun. 2009

¡¡Qué hay de nuevo amigos!!

Hola, hola, hola..., de nuevo retorno a esta morada de mi charlatán ego. Se acabaron los exámenes, ese tipo de tortura de folio en blanco que dicen se utiliza para saber cuánto sabes más que antes de someterte a dicho castigo. Los que yo tuve no sé si realmente desvelarán cuánto aprendí de los textos que se me impusieron, de lo que sí que no me cabe duda es de la sensación de libertad tan maravillosa que me han dejado. Es sorprendente ver el mundo de posibilidades que se abre cuando no tienes que pasar las horas, días, semanas...con la cabeza sumergida entre mil apuntes. Es entonces, cuando escuchas los gritos de esos libros de la estantería, que durante exámenes sólo cogías para sacar el polvo, "¡Léeme!, ¡Léeme!", y te enfrentas con el gran dilema de "¿Por cuál empiezo?", todos te apetecen, todos son fuente de placer y sabiduría, y lo son porque nadie se empeña en examinarte de ellos. ¡Cuánto cambia la óptica bajo presión!, o más bien bajo el microoscopio del estado anímico, ese estado de tedio, hartura, cabreo, impotencia...que despierta tu imaginación en cuanto a darle mil usos al libro de texto antes de aceptar el único que es permisible.

En fin, que ya estoy aquí de nuevo para emplear mis potenciales de acción, conexiones sinápticas y todos esos mecanismos de ese órgano que nos hace ser quienes somos, o mejor dicho, de ese órgano que somos.

Veremos sobre qué decide hablar mi curiosidad en el siguiente post.