14 dic. 2008

Maltratador

- Hay un pelo en la sopa.
Manuela le miró y de repente le entraron ganas de orinar.
- ¡Joder!, ¿estás sorda?, te he dicho que hay un pelo en la sopa.
Manuela sin saber cómo actuar, cogió su cuchara y se lanzó a la caza del dichoso pelo. Juan se limitaba a observarla. De repente, dio un manotazo haciendo saltar la cuchara por los aires, salpicando la cara de Manuela. Se levantó airado y abandonó el salón.

Inmóvil, intentando digerir lo ocurrido y extrañada porque las cosas no fueran a más, pensó en levantarse para ir al baño pero le daba miedo cruzarse con él. Mientras decidía qué hacer, absorta en sus pensamientos, no sintió la presencia de Juan a su espalda, sólo se percató de ella cuando vio caer pelo sobre sus piernas. Quiso levantarse y salir corriendo, pero sus pies eran bloques de cemento, imposible moverlos un centímetro. Quiso gritar a pleno pulmón pero para qué, nadie iba a acudir en su ayuda, así que siguió allí sentada soportando otra humillación más.
Cuando el improvisado peluquero cortó el último mechón, se agachó situando su boca a la altura de la oreja de su mujer, y le dijo:
- La próxima llevarás más cuidado para servir mi comida.
Las lágrimas le caían con cuentagotas, no podía reprimirlas en extremo.
- Encima ¿tengo que aguantar tus lloriqueos? Como si no fuera poco convivir con una inútil. Es que no aprendes Manuela, contigo no hay forma.
Juan recogió un puñado de pelos del suelo y dijo:
- Abre la boca y cómetelos, así sabrás que asqueroso es lo que me querías hacer tragar. Ábrela o te la abro yo.
Con un esfuerzo sobrehumano separó los labios unos milímetros, el resto de apertura necesaria ya se encargó Juan de hacérselo con el puñetazo que le propinó. Consiguió meterle aquello en la boca, vaya si lo logró, habiéndole antes partido el labio por un par de sitios y saltarle un diente.
El dolor y la bola que se le formó en la garganta le provocaron el vómito y le soltaron del todo la vejiga. Juan, dando por aprendida la lección, dijo:
- Me voy. Cuando vuelva espero ver todo esto limpio. Y tú tira y lávate que apestas.


Silencio. El asco hacia si misma. La camiseta llena de tropezones y los vaqueros calientes. Su mundo frenado en seco, el corazón a punto de estallar. En la boca el sabor a oxido domina sobre el resto, no para de sangrar, con la lengua descubre el hueco que le ha quedado sin el diente, entonces reacciona y se pone a buscarlo por la mesa, por el suelo, vuelve a mirar en la mesa, y al fin lo descubre en su plato de sopa. Se echa a reír pensando que ahora tendría que ser ella quien le hiciera tragar a ese animal todos los dientes por haberle metido uno en la sopa. Ríe y llora, como si quisiera demostrar que puede hacer ambas cosas a la vez. Sabe que no está loca, le duele mucho su realidad como para estarlo, aunque teme acabar perdiendo también la cordura, que él se la arrebate como hace con todo lo que forma parte de ella.


La situación descrita es ficción, fruto de la imaginación de esta que escribe. Es desagradable, repugnante, humillante y se podrían utilizar otros muchos adjetivos para definirla. Si simplemente fuera, como ya he dicho, ficción, seguramente no se me hubiese ocurrido, ya que puestos a escribir algo terrorífico, que acojone, siempre es más fácil recurrir a los fantasmas de la niñez, esos que temíamos encontrar en el armario, bajo la cama, o metiditos dentro de la cama con nosotros. El problema es que si he escrito algo así es porque tengo conocimiento de que es algo que pasa en muchas casas, prácticamente a diario, es más, no me cabe duda de que la realidad es mucho más cruel, inhumana y destructiva que la ficción que a mi me ha inspirado. ¿Qué te despierta lo narrado? No podemos limitarnos a ver noticias sobre mujeres asesinadas en la prensa, noticieros, o cualquier otro medio de comunicación, cagarnos en ese mismo momento en el mal nacido objeto de la noticia y que cuando nos anuncian el titular de la siguiente noticia ya se nos haya olvidado de qué hablaba la anterior.

Para que la sociedad haya podido mantener silenciados los gritos de tantas mujeres maltratadas y atacadas, ha sido necesaria no sólo la colaboración de cada uno de los agresores, también la de cada una de las personas que han callado y consentido.

1 comentario:

  1. A pesar de sentir kada día ke pasa asko y odio hacia akellos ke se kreen dioses y kon derecho a maltratar, humillar y komo no a matar, con el relato he podido sentir lo ke es el miedo y desgraciadamene es algo ke sienten muchas sin ser ficción desgraciadamente ya son 70 muertas denunciemos todos los malos tratos.un beso

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